El cónclave : 

25 - 26 de agosto de 1978

 

 

25 de agosto de 1978 ... 111 electores. Los cinco continentes representados. La universalidad de la Iglesia se hace presente en este cónclave que deberá elegir al sucesor de Paulo VI. 

Los cardenales ... les toca a ellos esta tarea tan delicada, tan importante, pero el Espíritu Santo estará con ellos. 

Los cardenales ... el más joven tiene 49 años (Jaime Sin, arzobispo de Manila), el más viejo, 79 años (Frantisek Tomasek, arzobispo de Praga). 

Es una aventura única. Se sienten como niños que van por primera vez a la escuela. Esta aventura que muchos, también los profanos, querrían vivir.

Los cardenales tiene que hacer un juramento : no revelar nada sobre las votaciones bajo pena de excomunión. ¿ El secreto más oculto ? El mismo cardenal Luciani le había contado a su sobrina Pía qué celda le había tocado en suerte, quiénes eran sus vecinos, cómo era la celda. Pero estas cosas, sin dudas, se pueden decir. También el nuevo Papa puede explicar lo que le había sucedido aquel memorable día 26 de agosto de 1978. Más todavía, su sucesor, Juan Pablo II, puede contar, durante su visita a la tierra del Papa Luciani en agosto de 1979, que el cardenal Luciani había sido elegido en la cuarta votación.

Se ha hablado de micrófonos dentro del conclave, de sistemas de comunicaciones sofisticados o no : basta pensar en la famosa estufa donde se queman los votos de los cardenales dando origen a la fumata negra, blanca, o, en este caso, gris. Todos quieren saber ... A veces, los periodistas tratan de tender una trampa a los electores con tal de arrancar algún dato de las votaciones.

Pero los cardenales hablan : algunos disculpándose de no poder contar nada; otros, en cambio, contando sí, pero tratando de no violar el secreto. Quieren hablar, querrían hablar ... Alguno dirá que han tocado con la mano al Espíritu Santo. Han vivido casi casi como unos días de "camping" en alguna zona de montaña. Esta vez la "carpa" se ha transformado en una celda espartana, a veces improvisada bajo una escalera : algunos afortunados, con agua corriente, otros tenían que ir a buscarla al "arroyo" con una palangana. Pero hay diferencias : en la montaña, hay aire fresco, se puede dormir bajo las estrellas. En el cónclave, en cambio, no hay aire fresco : se hace la recarga de calor típico de las jornadas de agosto en Roma. No hay ni siquiera la posibilidad de dormir bajo las estrellas : está todo cerrado. No todo : algún cardenal no da más y tal vez haya logrado mirar las estrellas desde una ventana no más sellada. Pero, ¿ quién puede dormir cuando al día siguiente comenzarán las votaciones ?

Ahora, dejemos lugar a las historias pintorescas que nos han dejado los propios protagonistas y algunas descripciones de las condiciones que han vivido en el cónclave. Condiciones que ahora han sido cambiadas por Juan Pablo II para un futuro cónclave con la construcción de un alojamiento acorde a las circunstancias. Éste, tal vez, no tendrá el mismo "sabor" de los días vividos en los cónclaves anteriores ...

 

Gloria C. Molinari

 

 

Recuerdos del cónclave

 

 

 

 

El refectorio del cónclave

Una de las celdas de los cardenales

 

Mons. Martin cierra las puertas

del cónclave

Los cardenales dentro de la

 Capilla Sixtina

 poco antes del encierro

 


 

"Recuerdo que, el sábado a la mañana, saliendo de la Capilla Sixtina, habíamos encontrado en el ascensor al Patriarca Luciani. Entonces le dijimos : "Los votos están aumentando". É se escudó diciendo : "Ésto es solamente un temporal de verano".

 

Cardenal Lazlo Lékai

arzobispo de Esztergom

 

"A mí me había tocado la celda 65, mientras que el cardenal Luciani ocupaba la celda 60. Al inicio del cónclave, no lo he visto pero, en la tarde del sábado, salimos al mismo tiempo de nuestras celdas para ir a votar. Lo abracé; estaba claro que algo se preparaba. Me dijo : "Tempestas magna est super me. Le di ánimo".

 

Cardenal Joseph Malula

Arzobispo de Kinshasa

 

"Me parecía atrapado por una especie de fervor interno, pero no trataba en modo alguno de hacerse ver".

 

Cardenal Paul Gouyon

arzobispo de Rennes

 

"Ìbamos los dos (como en un tiempo de seminaristas) a buscar agua con la palangana, estando las celdas privadas de agua corriente. Pocas horas después, de frente a la elección de los cardenales que designaban Papa justo a él, con el mismo comportamiento de los momentos ordinario, respondía : "Acepto".

 

Cardenal Joseph Cordeiro

arzobispo de Karachi

 

"El cónclave no durará más de tres días, máximo cuatro. Después del tercer día, no se puede vivir más en estas condiciones. Quizá se toma una silla y se la hace Papa con tal de salir. ¿ Sabe qué llevo a la clausura ? Una media botella de cognac. No para mí, sino para el elegido. Lo he hecho en los cónclaves anteriores ( n.d.a. los de Juan XXIII y Paulo VI ) y ha servido. Créame".

 

Cardenal Giuseppe Siri

arzobispo de Genova

 

"El día del ingreso al cónclave, yo tenía conmigo una valijita y las monjas me preguntaron dónde había puesto mis efectos personales necesarios para toda la duración del cónclave. Les respondí que, de momento que todo se habría resuelto muy rápidamente, no había considerado necesario llenarme de demasiadas cosas".

 

Cardenal Hyacinthe Thiandoum

arzobispo de Dakar

 

"Llegamos a las 16:30 para entrar al cónclave. Mi celda era la número 88; formaba una suite con la 86, que había sido asignada al cardenal Duval. Por suerte, era una de las celdas que tenían agua corriente. El cardenal Luciani, como muchos otros, tenía que ir a buscar agua con una palangana.

Nuestra suite hasta tenía una ducha, ¡ el último lujo ! Los cardenales Silva y Landázuri, muy humildemente, habían pedido el favor de usarla, por lo que yo estaba feliz de acceder.

Mi celda era una especie de sauna. Es difícil describir qué es dormir dentro de un horno; es suficiente para enfermar a alguien completamente. La única ventana se encontraba herméticamente sellada. El segundo día, con toda la fuerza, rompí los sellos. ¡ Finalmente oxígeno !

Luego, llegó el gran día. La primera votación ha proporcionado un amplio rango de nombres. En la segunda, se ha reducido un poco. En la tercera, comenzamos a ver la luz del alba y la cuartavotación trajo la plena luz del amanecer : Juan Pablo I ha sido elejido.

Enseguida, todos nosotros fuimos a abrazar al nuevo Papa, mientras él exclamaba : "Dios os perdone lo que habéis hechos". Esta ocurrencia llegó a la prensa, que, equivocadamente, la tomó como un reproche.

Luego seguimos a Papa hacia la logia para dar su primera bendición. Luego, él regresó para cenar con nosotros y ha tenido tiempo para charlar con cada uno. 

A los postres, un cardenal americano ( n.d.a. era il cardenal español Tarancón ) ha pedido al nuevo Papa permiso para fumar, algo contrario al protocolo. El Papa parecía muy solemne; tenía todos en vilo, mientras pensaba un poco la cosa; finalmente dijo : "Eminencia, Ud. puede fumar, con una condición : ¡ el humo tiene que ser blanco !" Naturalmente, hubo muchas risas.

¡ Espero no haber roto ningún secreto del cónclave !"

 

Cardenal León J. Suenens

arzobispo de Malinas - Bruselas

 

 

 

 

 

 

A propósito de cigarrillos, se cuenta que el cardenal Tarancón, fumador impenitente, le preocupaba en cambio que en el comedor "faltaba humo" : nadie fumó ni en la cena ni después de la cena del viernes, primera noche. Don Vicente se preguntaba si estaría prohibido, pero no conseguía recordar que constara en documento alguno semejante prohibición. Así que en el desayuno de lamañana siguiente, encendió cautelosamente su pitillo, como sin darle mportancia pero vigilando de reojo la reacción de sus colegas. Que fue sensacional : en tres minutos, varias docenas de comensales paladeaban su pitillo y miraban al cardenal de Madrid con ojos de agradecimiento.

 

¿ Qué pasó allá dentro ? 

Tenemos el horario minucioso de loscardenales. Sus menúes de comida; los turnos de la Misa temprana, en tres grupos de celebrantes, bajo la presidencia del más anciano de cada grupo. El ceremonial de las votaciones, la papeleta, medidas de las tres sotanas blancas preparadas para vestir con alguna comodidad al elegido. Mil veces hemos contado estas cosas en los periódicos.

Pero de lo importante, lo que realmente sucedió en las votaciones, no sabemos absolutamente nada. Los periodistas lo hemos contado a base de hacer deducciones y combinar los datos disponibles.

Han guardado celosamente los cardenales  sus secretos. Y, por tanto, nuestras suposiciones no se apoyan en fundamento sólido.

Voy a confiarles mi experiencia personal. Seleccioné cuidadosamente los datos previos al cónclave y los organicé en función del nombre Luciani, una vez elegido Papa. Más o menos obtuve un proceso semejante a que han difundido los mejores semanarios internacionales. Entonces, lo presenté a un par de cardenales amigos y les pregunté qué opinaban de mis hipótesis.

 

- Interesantes, verdaderamente interesantes.

- ¿ Pudo discurrir así el Cónclave ?

- Podría haber ocurrido así.

- Pero ... ¿ se parece a lo que realmente ocurrió ?

- Nada, José María, no se parece nada.

 

Pues qué bien. (...)

De lo que ocurrió dentro conocemos un puñado de anécdotas más o menos pintorescas. Los cardenales lo pasaron mal a causa del calor, a ratos, sofocante. Y en la Capilla Sixtina, insoportable. La "feroz" clausura del cónclave había dejado prácticamente condenadas las ventanas, así que no hubo corrientes de aire. Un cardenal norteamericano intentó vencer los sudores nocturnos a fuerza de agua : se fue a la ducha tres veces en una noche, lo cual, además de perturbar el sueño de los vecinos, les alarmó pensando que alguien se había puesto enfermo.

 

Pero alarma seria la hubo en la Capilla Sixtina al quemar las papeletas luego de las votaciones matutinas : algo le ocurrió al caño de la estufa y comenzó a soltar, por misteriosas grietas, bocanadas de humo negro dentro de la misma capilla. El aire se ponía irrespirable; varios cardenales comenzaban a toser. Alguien consiguió abrir un par de ventanas y el ambiente se aclaró. A media voz, se oyó el comentario jocoso de un cardenal :

- El humo de Satanás pretendía entrar en el Cónclave.

 

Para distraer el hambre que todos teníamos de que nos dijeran el resultado de la sucesivas votaciones, al salir de su encierro, los cardenales cuentan un puñado de lances pintorescos. Que se asfixiaban de calor. Que la primera noche, el cardenal de Chicago (Cody) moría por el sudor y tuvo que ducharse tres veces para suavizar el agobio. Que ya elegido, el nuevo Papa quiso dormir en la misma celda de la noche anterior, y al desayuno le preguntaron si había descansado bien : dijo que no, que pasó una noche de inquietudes y dudas, pero lo contaba como siempre, tranquilo, sonriente. Ah, y que ayer tarde hubo champaán en la cena.

Lo del champán tiene antecedentes. (...)

La tarde del dí en quesalió elegido Juan XXIII, el nuevo Papa dijo a Monseñor Nasalli ( n.d.a. cardenal Nasalli Rocca di Corneliano - anécdota extraída de las Memorias del cardenal )que se quedara a cenar con él.

 

- Santidad, no; la costumbre es que los Papas coman solos.

- Comprendo - respondió Juan XXIII - : que de Papa tampoco van a dejarme hacer lo que me apetezca.

- Santidad, ¿ puedo traer una botella de champán ?

- ¿ Champán ? ¿ Por qué ?

- Han elegido Papa nuevo, ¿ no ?

- Sí, claro, han elegido Papa nuevo. Traiga usted champán porque han elegido Papa nuevo, no porque me hayan elegido a mí. Y usted beberá conmigo; espero que, al menos, ésto no esté prohibido.

- Sí, sí, beberé, Santidad.

- Bueno, y, por favor, no me llame Santidad, que cada vez que lo dice me parece que me está tomando el pelo.

 

En el lote de anécdotas del último cónclave, la "fumata" lleva la palma. Si era blanca, si era negra. Pero venga a salir humo, tanto humo que aquello significaba claramente el fin. (...)

Soy estúpido, hablo con Pironio y se me olvida preguntarle qué ocurrió con la estufa. Otro cardenal amigo me ha avisado esta mañana :

- Pregúntale a Pironio qué pasó; él trataba de arreglar la estufa.

Me

 queda pendiente la pregunta. Los técnicos habían realizado sus ensayos y estaban seguros de que funcionaría perfectamente, gracias a unos "candelotti" con productos químicos que darían humos negro o humo blanco, según los cardenales quisieran.

Pues no funcionó.

 

don José María Javierre

de "De Juan Pablo I a Juan Pablo II"

 

* * *

 

Luego contarían los cardenales que las camas eran realmente malas; que hacía mucho calor; que las comidas eran bastante flojas; que el café de los primeros días era malo y que sólo mejoró en el desayuno del último día. (...).

En la mañana del domingo, tras una noche entera de insomnio, el Papa se encontró con monseñor Caprio, Sustituto de la Secretaría de Estado. Y éste, bromeando, le preguntó : "Santidad, ¿ lo ha repensado ? ¿ Está arrepentido ?" A lo que el Papa sonriente contestó : "Sí, pero ya no tiene remedio".

 

don Jesús Infiesta

de "Juan Pablo I - Alegría de los pobres"

 

 

 

 

 

 

"Luego de las primeras votaciones, salió enseguida afuera el nombre. Luciani, ¿ por qué no ?, dijeron tantos. Una persona buena, inteligente y pía. Y el consenso se difundió rápidamente. Pensamos en él como en un nuevo Pío X, también él patriarca de Venecia, un Papa bueno y santo. Y contemporáneamente decidido en la defensa de la doctrina. Se sentía la necesidad de ello luego de las desbandadas del postconcilio".

 

Cardenal Silvio Oddi

 

"Después del tercer escrutinio, me habría gustado desaparecer sin llamar la atención".

 

Juan Pablo I

 

"Nos pusimos de pie para aplaudir, pero no lo veíamos. Estaba acurrucado en su silla; se había hecho pequeño, pequeño; quería casi esconderse. Es una pena que no podamos contar lo que hemos vivido, porque ha sido mucho más hermoso de lo que os podéis imaginar".

 

Cardenal Vicente Enrique y Tarancón

arzobispo de Madrid - Alcalá

 

 

"Las condiciones impuestas por la reclusión a los cardenales hacen reflexionar mucho : las ventanas selladas (¡ en agosto en Roma !), la falta de toilettes y de todas las otras comodidades de nuestros días, los vidrios pintados de blanco para impedir que se vea de afuera ... Todo ésto parece formar parte de otra época y resulta ofensivo para los "reclusos".

 

mons. Jacques Martin

Prefecto de la Casa Pontificia

de "Oltre il portone di bronzo"

 

 

"Hemos sido testigos de un verdadero milagro moral".

 

Cardenal Eduardo F. Pironio

Prefecto de la Sagrada Congregación

de los Religiosos e Institutos seculares

 

 

"Tuve diversas oportunidades de asistir al cardenal Luciani durante el cónclave que lo eligió Papa. Tenía una fea tos en los días del cónclave y recuerdo de haberlo ayudado especialmente durante aquellas noches cuando parecía sin paz y no lograba dormir. Me quedó impreso como un hombre santo, un poco delicado pero muy contento. Me gustó por su simplicidad. Era tan sorprendente. Emergía justo en virtud de su simplicidad".

 

"Eminencia ( por Luciani ), ¿ dónde habrá un baño ?". "No lo sé". "Pues lo va a saber pronto, porque va a ser el dueño de esta casa". "¿Eres profeta ?". Luego de la elección, Juan Pablo I dice : "Usted, Eminencia, ha sido un profeta pero mi pontificado será breve".

 

Cardenal Jaime Sin

arzobispo de Manila

 

El cardenal Jean Guyot, arzobispo de Toulouse, que se encontraba junto a Luciani durante el cónclave, con profunda emoción, contaba cómo, apenas reestablecido de una grave enfermedad, se fatigara bastante para vestirse, y cómo el patriarca de Venecia le acomodó la bata y lo ayudó luego a ponerse las vestiduras litúrgicas".

 

Jean Chélini

de "La vita quotidiana in Vaticano

sotto Giovanni Paolo II", 

 

 


 

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